Turismo en los orígenes del Quijote

El Toboso fue la patria chica de Dulcinea y hoy es, sin lugar a dudas, uno de los lugares con más sabor cervantino. No en vano aparece citada en el libro hasta 168 veces. Aquí se encuentra la Casa-Museo de Dulcinea (Don Quijote, 1. Entrada: 0,61 €. Sábados y domingos gratis), la visita estrella. La casa se ha considerado tradicionalmente como la residencia de doña Ana Martínez Zarco de Morales, personaje real que pudo inspirar la figura de Aldonza Lorenzo. Conserva todos los elementos propios de una casa de labranza manchega, con cocina, almazara, bodega, palomar, patios y corrales. Recorre las estancias y sal al patio, algo descuidado pero aún así singular. Aquí verás, además de una gigantesca prensa de vino, una reproducción del caballo Clavileño el Alígero, aquel al que subieron don Quijote y Sancho en la aventura de la Dueña Dolorida.

Casa de Dulcinea

Habitación de Dulcinea   Cocina de Dulcinea     Vasijas Dulcinea

Desde la Casa-Museo sube la cuesta que te lleva a la plaza Juan Carlos I. En un lateral hay una escultura en hierro de don Quijote y Dulcinea, y, en el otro, la iglesia parroquial dedicada a San Antonio Abad. El edificio es soberbio, de planta cuadrada, tres naves y bóveda de crucería.

Plaza Juan Carlos I

Junto a ella se encuentra el Museo Centro Cervantino (1,60 €. Lunes cerrado), con una amplia exposición sobre El Quijote en sus ediciones más raras y singulares. Y un poco más adelante está el Museo Humor-Gráfico Dulcinea (Doña Tolosa, 2. Entrada: 1,60 €), donde se exponen caricaturas e ilustraciones humorísticas de El Quijote realizadas por Martín Mena.

Centro Cervantino

Museo Cervantino

El toboso más dulce

Dedica algo de tu tiempo a pasear por El Toboso. El lugar mantiene intacto todo el encanto de los pequeños pueblos manchegos, con calles empedradas y tapias pintadas de blanco. Contratar un guía para una visita te costará 35 €, o 60 € si prefieres una ruta teatralizada. Acércate al convento de las Franciscanas; del antiguo edificio del siglo XVI sólo se conserva la portada de la iglesia, pero es digno de ver. Aquí podrás comprar las pelusas y pastas de las monjas, toda una delicia. Otro convento interesante es el de las Trinitarias Recoletas, de estilo herreriano. Alberga un museo con pinturas de la escuela española del siglo XVII. También venden bordados hechos por las religiosas.

Trinitarias Recoletas

Antes de abandonar El Toboso, haz dos paradas en la calle don Quijote: la tienda La Aldaba y el restaurante La Noria de Dulcinea. En la primera podrás comprar recuerdos, como unas bonitas marionetas de don Quijote y Sancho (una por 25 €, dos por 45 €. Pregunta por Francisco, te hará un buen precio). En el patio de la tienda puedes hacerte unas fotos disfrazado de don Quijote, armadura incluida. Y en el segundo, si el tiempo acompaña, degustarás en su patio los típicos duelos y quebrantos (desde 15 €).

Los molinos que eran gigantes

La siguiente parada es Mota del Cuervo, en la provincia de Cuenca. Su iglesia de San Miguel Arcángel, con dos portadas magníficas, merece una visita. Pero el atractivo de Mota son, una vez más, los molinos. Hay siete, aunque sólo uno, propiedad de la familia Serrano Suñer, data del siglo XV. Los demás se han construido recientemente y sólo hay tres operativos: uno pertenece a la Unesco y sólo se abre en verano; otro alberga el Museo Agrícola; y el tercero es una tienda de vinos y quesos. Cada primer domingo de mes podrás ver funcionar uno de los molinos.

Molinos

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